Daniel Casanova

La transfiguración en el creyente

En los días anteriores hemos estado hablando de la transformación del creyente, hoy comenzamos el tema de la transfiguración en el creyente como el efecto natural de pasar tiempo con Dios durante nuestro tiempo devocional. .

En Juan 8:12, Jesús dice:  Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”

Dos cosas que suceden cuando sigues a Jesús:

  1. No andarás en tinieblas. Hay una traducción que dice: “Síganme y no caminarán en la oscuridad”
  2. Tendrás la luz de la vida. O tendrán la luz que les da vida.

En Mateo 5:14 Jesús dice: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.”

Jesús usó la luz como una descripción de buenas obras: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras” (Mateo 5:16)

El efecto que nosotros ejercemos en el mundo que nos rodea, producto de nuestro compañerismo con la luz. El pasar tiempo con Jesús es esencial para que el cristiano pueda ser luz.

Hay un efecto positivo y visible de seguir a Cristo.

Si la transformación es el cambio operado en nuestra vida por el Espíritu Santo; la transfiguración es el resultado de esa transformación. Es la evidencia visible, de un proceso interno.

La gente ve la transformación, a través de la transfiguración. La luz interior que mora en el creyente, se refleja en su comportamiento: en pensamiento y acciones.

Hemos estudiado que transformación es el cambio operado en nosotros producto de la acción de una fuerza ajena a la nuestra. Por nuestras propias fuerzas nunca daremos frutos, nunca podremos perseverar hasta el fin, nunca podremos ser santos, nunca podremos ofrecer un ministerio de poder y nunca podremos llegar a ser verdaderos discípulos de Cristo. No tenemos las fuerzas suficientes para ser transformados, se necesita el poder del Espíritu Santo actuando en nuestra vida.

Por otro lado, la transfiguración es la expresión visible de la gloria invisible de Dios en la vida del cristiano. La transfiguración es el resultado natural de pasar tiempo con Dios. El poder de Dios se mueve a través del cristiano reflejando Su gloria y así el mundo que contempla y vive en tinieblas, ve esa gloria reflejada en nuestras vidas.

Recuerda que, Jesús lo dijo: «vosotros sois la luz del mundo»  Mateo 5:14

Jesús espera que el creyente, muestre la luz. Esa luz se logra por medio de la intimidad con Dios. No puede crearse por medios humanos. Cuando pasa tiempo con Dios, transforma su manera de pensar y de vivir, reflejando su gloria, la luz que está en el interior.

Después de haber estado en el monte Sinaí con Dios, Moisés tenía que ponerse un velo, porque la gloria de Dios era tan fuerte que su piel era resplandeciente (Éxodo 34:33-34).

Recuerda lo que el Apóstol Pablo escribió a la iglesia en Corinto,  «por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.  2 Corintios 3:18.

La traducción al lenguaje actual dice:

« Porque el Señor y el Espíritu son uno mismo, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad. Y nosotros no tenemos ningún velo que nos cubra la cara. Somos como un espejo que refleja la grandeza del Señor, quien cambia nuestra vida. Gracias a la acción de su Espíritu en nosotros, cada vez nos parecemos más a él».

La traducción de Dios Habla Hoy, pone el mismo pasaje de la siguiente manera:

«18 Por eso, todos nosotros, ya sin el velo que nos cubría la cara, somos como un espejo que refleja la gloria del Señor, y vamos transformándonos en su imagen misma, porque cada vez tenemos más de su gloria, y esto por la acción del Señor, que es el Espíritu.»