Daniel Casanova

Cristo se transfiguró ante sus discípulos

 

Lucas 9:28

En el evangelio de Lucas está el incidente de la Transfiguración de Cristo donde mostró su ‘gloria’, quien era Él realmente.

Jesús había dicho a sus discípulos que Él iba a sufrir, morir, y resucitar. (Lucas 9:22).

Dice el evangelio que “Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Mientras oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su ropa se hizo blanca y resplandeciente….”

Pedro, no sabiendo lo que decía y estando muy asustado, ofreció armar tres enramadas para ellos. Esto es indudablemente una referencia a las enramadas que se utilizaban para celebrar la Fiesta de los Tabernáculos, cuando los israelitas habitaron en tiendas durante 7 días (Levítico 23:34-42). Pedro estaba expresando su deseo de quedarse en ese lugar. Cuando una nube los envolvió y una voz dijo, “Este es mi Hijo, mi Escogido; a Él oíd.”

La nube se levantó, Moisés y Elías desaparecieron y Jesús estaba solo con Sus discípulos, quienes aún estaban muy atemorizados. Jesús les advirtió que no dijeran nada a nadie de lo que habían visto, hasta después de Su resurrección. Esto en resumen, fue lo que pasó aquel día. Y las tres narraciones de este evento se encuentran en Mateo 17:1-8Marcos 9:2-8, y Lucas 9:28-36.

La aparición de Moisés y Elías, es muy significativa. Ellos representaban la Ley y los profetas del Antiguo Testamento. Jesús mismo usó el término “visión” (Mt 17:9). Cristo estaba en realidad allí, aunque Moisés y Elías, muertos mucho tiempo antes, no estaban presentes literalmente. Fueron representados en visión.

En contraste a la ley y los profetas, esta la voz desde el cielo que dijo: “Este es mi Hijo, mi amado; a Él oíd.”

Ha llegado el tiempo que el hombre tiene que oír a Jesús de Nazareth.

Con esta experiencia, sus discípulos, pudieron tener una mayor comprensión de quien era Jesús. Aunque, en ese momento, no comprendieron lo que estaba pasando.

Algunos puntos que me llaman la atención de este pasaje de la transfiguración

  1. La voz del cielo que dijo: A El oid. Esto nos recuerda cual debe ser nuestra primera actitud ante Jesús. Es necesario poner atención lo que Jesús tiene que decir, Si quieres conocer a Jesús comienza leyendo los cuatros evangelios donde exponen lo que Jesus dijo sobre si mismo, y como podemos conocerlo.
  2. La rapidez de Pedro para hablar. Pedro no era de los que contemplaban callados la gloria de Jesús; era hombre de acción. Pero a veces esa actitud, lleva al hombre a cometer errores. Adoración tiene que ver mas con contemplar, que con hablar. Un deseo ferviente con ser obediente; nos lleva actuar, pero tiene que ser mucho después de ‘disfrutar Su presencia’; no antes. El actuar siempre debe ir, después de oír, de esperar en el Señor.
  3. Tres discípulos estaban cansados, pero subieron al monte con Jesús.
  4. La transfiguración de Jesús fue un evento que los discípulos nunca olvidaron.

Juan escribió en su evangelio, “Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14).

Pedro también escribió sobre ello, “No seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad. Pues cuando El recibió honor y gloria de Dios Padre, la majestuosa Gloria le hizo esta declaración: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; y nosotros mismos escuchamos esta declaración, hecha desde el cielo cuando estábamos con El en el monte santo.” (2 Pedro 1:16-18).

1 Juan 1:6 dice que “Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad”.

El versículo 5 dice, “Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en Él”. Fíjese que no se nos dice que Dios es una luz, sino que Él es la luz. La luz es parte de su esencia, como lo es el amor (1 Juan 4:8).

El mensaje es que Dios es sin reservas, completa y absolutamente santo, sin mezcla de pecado, sin contaminación de iniquidad y sin ningún indicio de injusticia.

Si no tenemos la luz, no conocemos a Dios. Aquellos que conocen a Dios, que caminan con Él, son de la luz y caminan en la luz.

Jesús es “la luz verdadera” (Juan 1:9).

Tenemos que reflejar su luz en un mundo oscurecido por el pecado.

Nuestro objetivo al testificar a los inconversos es “abrir sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios” (Hechos 26:18).

La luz viaja rápida, directa, constante, y con una autoridad increíble. Prende un pequeño fosforo en una gran habitación oscura, y se disipa la tiniebla rápidamente. Donde esta la luz no existe la oscuridad.

La luz es nuestras buenas obras.

Nosotros no podemos tener buenas obras fuera de Cristo. El cristiano no es bueno porque hace buenas obras; hace buenas obras porque es bueno, en Cristo, no en si mismo.

Vosotros sois la luz del mundo’ Lo dijo Cristo; con una connotación práctica.

¿Qué tiene que ver todo esto con la Transfiguración?

Bueno, que la única forma de nosotros poder ser la luz del mundo es si ocurre en nosotros una transfiguración, dejamos ver la luz interna al mundo que nos rodea.

Y aquí están los pasos:

  1. Subimos al monte a orar, para estar con Jesús. (aunque estemos cansados).

Fue cuando Jesús oraba, que su apariencia cambio.

  1. Nos prestamos a contemplar en silencio su majestad y gloria. Esperamos en expectativa el momento divino, de su revelación.

Eclesiastés 5:1. ‘Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal.’

Pedro se puedo hablar lo que no sabía; y dijo lo que no debía.

  1. Nos encontramos con las Sagradas escrituras para conocer a Dios: la ley y los profetas, y Jesús (el Nuevo testamento). No podemos encontrar la voluntad de Dios aparte de las Escrituras.
  2. Hay que bajar del monte. Pedro quería quedarse allá arriba; con una experiencia así; nadie quiere viajar a los problemas del hombre. Pero, eso sería egoísmo. Jesús nos enseña que quien le ama más a El, querrá compartirlo a los demás.

Cuando estamos más cerca de Cristo, queremos estar mas cerca de las necesidades de los hombres. Quien nos aleja de nuestro prójimo es nuestra naturaleza humana pecaminosa y egoísta. Mientras más cerca estamos de la santidad y divinidad de Cristo, más amor y compasión tenemos por nuestro semejantes y más nos inclinados para suplir sus necesidades.  Una persona cerca de Cristo es humilde, y dispuesto a mezclarse con la necesidad del hombre sin miedo a contaminarse. Nunca ha sido el plan de Dios que el hombre se aislé del mundo o se aparte del necesitado. Esta es la idea que Jesus expresó en Juan 17:15 ‘No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.’