Daniel Casanova

Simón el Leproso, continuación…

Ayer comenzamos hablando de uno de los protagonista de la historia, de Simón el fariseo.

  1. Simón se mantiene “puro,” y espera que los demás líderes religiosos hagan lo mismo. Le da vergüenza el comportamiento provocativo de la mujer pecadora y se queda asombrado de ver que Jesús no hace nada para rechazarla. Debe estar ofendido, particularmente porque esta mujer comete estas indiscreciones en su mesa. Para comprender el nivel de su descontento, imagine dar una cena elegante para invitados especiales y que sea interrumpida por tal comportamiento.

Simón concluye que Jesús, por no rechazar a la mujer, no puede ser un profeta. O Jesús no sabe que esta mujer es una pecadora o no le importa. Cualquiera de estas dos razones le descalifica como profeta. Esto va al corazón de esta parte del Evangelio de Lucas, que intenta demostrar que Jesús no es solamente un profeta, sino que es más grande que un profeta.

Anote la preocupación de Simón por “quién y cuál es la mujer que le toca” (v. 39). Simón califica la gente y se relaciona con ella según su situación en la vida, pero Jesús ve la gente como individuos y se relaciona con ellos como seres humanos.

De la historia podemos, deducir que, Simón cometió tres grandes errores aquella tarde en su casa:

  1. Simón pensó que Jesús por ser profeta no debía mezclarse con gente pecadora. El por ser santo y profeta no debería dejar que un pecador se le acerque. El concepto por el cual Simón guiaba su vida, de que un profeta no se junta con pecadores, también quería imponerlo sobre Jesús. Aun con más razón, si pensamos que Simón tenia más edad, y más conocimiento de la Ley de Moisés.  Simón ignoraba que Jesús había dicho: “yo he venido a los enfermos, a buscar y a salvar lo que se había perdido.”

Lucas 5:30-32

 los fariseos y sus escribas se quejaban a los discípulos de Jesús, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los recaudadores de impuestos y con los pecadores? 

Respondiendo Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. 

No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

  1. Otro concepto erróneo de Simón tiene que ver con aquella mujer, que todos conocían pero nadie le veía con buenos ojos. Simón creía que, la mujer por ser pecadora no tenía oportunidad de redención. Según, el fariseo, ella estaba destinada a cargar la cruz de la culpa para el resto de su vida. No había oportunidad de cambio. Hay personas, que saben muy bien los errores y pecados de las demás personas, pero no le ofrecen la solución. Son buenos para señalar y juzgar, pero no son parte de la solución.

Simón se olvidaba que la invitación de Jesús era precisamente para las cansados y cargados.

Mateo 11:28. Venid a mi los que están cansados y cargados que yo los hare descansar.

  1. El otro error de Simón, se desprende de los dos primeros, es que, si él se comparaba con Jesús, y la mujer, se veía mucho mejor. Soy mejor que Jesús, porque ‘yo si se’ quien es esta mujer. Yo no me dejo engañar por sus lágrimas o su gesto de humildad. Y comparado por esta mujer, soy un santo.

Las personas como Simón, siempre se están comparando con los demás, y siempre encuentran alguien en peores condiciones espirituales. Y así, se sienten mucho mejor. Pero se olvidan de que, la Biblia dice: “No hay justo, ni siquiera uno”. “Todos hemos pecado, y por eso estamos lejos de Dios.” (Romanos 3:23)

Simón califica a la gente y se relaciona con ella según su pasado en la vida, pero Jesús ve la gente como individuos con la posibilidad de un futuro esperanzador.

Dios aun siendo justo y santo, perdona más rápido, que nosotros los hombres siendo pecadores e imperfectos. ¿No le sorprende eso a usted? Nosotros repasamos el pasado de una persona constantemente; cunado Dios dice que El no se acuerda mas de ellos.

De acuerdo con la Biblia una vez que somos salvos y aceptamos Jesucristo como nuestro Señor y Salvador, Dios considera nuestros pecados, cualquiera que sea su gravedad, como si jamás hubieran existido; como si se hubiesen borrado de su memoria.

Isaias 43:25. “Yo, yo soy el que borro tus transgresiones por amor a mí mismo, y no recordaré tus pecados.”