Daniel Casanova

La gloria de Dios en el libro de Ezequiel.

Uno de los temas principales del libro de Ezequiel es precisamente el abandono de la gloria de Dios de su pueblo. La palabra «Gloria de Jehová» aparece más de 19 veces en el libro y se emplea la frase para describir el esplendor y la majestad de Dios, una gloria tan grandiosa que ningún ser humano puede ver.

¿Cómo se manifestó la gloria de Jehová en el libro de Ezequiel?, y ¿Por qué abandonó el templo?

Esta es la misma gloria que guió a Israel en el desierto (Éxodo 40:36-38) y más tarde llenó el templo construido por Salomón (2ª Crónicas 7:1), y luego Isaías vio en el templo. (Isaías 6). La gloria de Dios es la misma presencia de Dios en Israel.

El punto central de los capítulos 10 y 11 es el abandono de la gloria y la presencia de Dios del templo y de la ciudad, esa gloria salió del lugar santísimo y se trasladó a la entrada del templo y se puso entre los querubines (v18.). La gloria de Dios se trasladó a la puerta oriental del templo (v.19) y para luego irse por completo del área del templo y por último la gloria se fue de la ciudad de Jerusalén y se puso sobre el monte de los olivos según el capítulo 11:23.

Este abandono lento y paulatino de Dios se debió al pecado y a la idolatría del pueblo.

Ezequiel 1:28,  «Fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová y cuando yo le vi, me postré sobre mi rostro y oí la voz de uno que hablaba…»

Cuando el profeta ve la presencia de Dios, se postra en humillación (sobre su rostro). Claramente que da establecido que no se puede permanecer en pie ante la gloria del Altísimo.

Ezequiel era un sacerdote desterrado a Babilonia, la experiencia de Ezequiel es de profunda esperanza: Dios acepta su humillación y está dispuesto a realizar una nueva Alianza con ellos.

Era difícil mantener la fe en Jehová en tierra extranjera. Gran parte del pueblo sentía que había sido abandonado por Dios. La desesperanza era completa. Lo anota el propio Ezequiel, citando palabras de sus contemporáneos:

«Se han secado nuestros huesos. Se perdió nuestra esperanza. El fin ha llegado para nosotros» (Ezequiel 37:11).

Dios llama a Ezequiel  (cap. 1-3) y se revela a él, como se reveló al profeta Isaías en Jerusalén. También Ezequiel la ve en visión; pero, la ve en otro lugar. ¡No en Jerusalén! La visión de Ezequiel se da en el exilio, junto al río Quebar (1,3). «Me levanté, y fui al valle. La gloria de Jehová  ya estaba allí.» (Ezequiel  3,23)

Ezequiel descubre que, aunque la presencia de Dios se había alejado de Jerusalén por el pecado del pueblo, ahora residía entre los exiliados. Este es un punto crucial, a partir del cual su profecía se vuelve una realidad. Este descubrimiento profético de Ezequiel representó un gran consuelo y ánimo para los exiliados. Ezequiel les daba la buena nueva de que también su Dios había hecho el mismo camino que ellos. Igualmente «venía del norte» (1:4) para estar con ellos en pleno exilio, en tierra extraña, en suelo de otras divinidades. Los deportados ya no estaban solos. Sus caminos no habían sido olvidados por Dios quien era profundamente solidario.

Dios quiere darle esperanza de un nuevo comienzo y una nueva Alianza y va a conseguir que los desterrados vuelvan a su tierra (36:22-30). Dios promete darles «un corazón nuevo» (36:26). «Infundiré mi Espíritu en ustedes para que vivan según mis mandamientos.» (36:27).

De todos estos pasajes bíblicos del Antiguo Testamento, podemos concluir  estos aspectos sobre la Gloria de Dios:

  1. Dios habita entre los hombres por Su propia voluntad. Él descendía sobre el Tabernáculo, y luego sobre el Templo como señal de que moraba entre su pueblo Israel. Así desciende sobre el templo (1 Reyes 8.10) y habita allí entre querubines (Salmo 80.1; Isaías 6.1–9).
  2. Dios permanece siempre Señor de Su presencia (Éxodo 19.9, 16, 18). Sus manifestaciones al hombre se realizan cuando Él quiere y como Él quiere. Es un acto de Su soberanía divina.
  3. No se puede disponer de la presencia de Dios según el deseo humano. No es cuando el hombre quiere, es cuando Dios quiere manifestarse al hombre. Hay que confiar en Él  y obedecerle (Éxodo 13.21, 22; Éxodo 40.34–38). Cuando Dios se manifiesta es el momento en que el hombre puede responder. Mientras tanto, Dios está oculto al hombre.
  4. Siempre que el hombre tiene contacto con la gloria de Dios, queda afectado poderosamente. Mira el caso de Moisés, cuando subió al Monte Sinaí. También representa un momento decisivo en la vida del hombre que va a cambiar su vida y ministerio para siempre.
  5. Así como la conducta del hombre se afecta por la Gloria de Dios, la Gloria de Dios se afecta por la conducta del hombre. Los profetas le declaraban al pueblo el peligro de que la presencia de Dios se alejara de ellos. El profeta Ezequiel ve en visión como la gloria de Dios abandona al pueblo producto de su pecado y dureza de corazón para arrepentirse. Y luego, en Ezequiel 43:7,9 describe cómo regresa. La desobediencia hace que Dios cubra Su Gloria del hombre.