Daniel Casanova

Por favor, que pase la mujer

Ya la mujer pasó, pero nadie lo notó. Estaba allí, todos veían su figura externa, pero nadie podían ver lo que en ella había pasado, nadie la conocía verdaderamente. Todavia estamos en la casa de Simon el Fariseo, en Lucas capitulo 7.

Solo Dios conoce el interior de nuestro corazón. El hombre ve el exterior: la ropa con que viste, el carro que maneja, la casa donde vive, pero Dios ve el corazón. Ella estaba allí, nadie veía la posibilidad del cambio; solo Jesús. Solo Jesús la veía con los ojos de Dios.

La mujer, persona agradecida porque  desesperada por su pasado cargado de pecado, recibe el perdón.

La angustia que presenta la culpa es el gran comienzo para recibir el perdón.

Una persona que se siente culpable, puede hacer actos heroicos, o actos reprobables. La culpa real o la culpa imaginaria nos puede llevar a situaciones impensable. La culpa es el dolor del alma. El dolor es la respuesta a un problema en nuestro cuerpo; y es una alarma necesaria para guiarnos a buscar sanidad en la medicina apropiada. No sentir dolor en el cuerpo, es tan peligro como no tener sentido de culpa.

La “una mujer pecadora,” entró en la casa, llena de agradecimiento, por esta causa se arriesgó en gran manera.   Veamos lo que hizo el agradecimiento aquel día:

  1. El sacrificio se debilitó con el agradecimiento.

Ella trajo un perfume caro, exquisito a Jesús. El valor del regalo está en proporción del agradecimiento. Una persona agradecida, cuando pesa lo que tiene que pagar con el favor que debe, siente que el sacrificio no es tan grande.

Para el ingrato cualquier cosa se constituye en un sacrificio muy grande.  Podemos medir lo que vale una persona, por el valor del regalo que le hacemos. Cuando queremos hacer un regalo para una persona importante, le dedicamos tiempo y espero. Cuanto más agradecido se está a una persona, menos pesa hacer un sacrificio por dicha persona. Esta mujer no se presenta con las manos vacías. El agradecimiento nunca lo hace.  Escogió con cuidado el perfume; ese regalo no fue de ultimo momento para cumplir un obligación o compromiso.

2. El miedo se venció con la fe.

El miedo es una reacción común, normal y humana; todos experimentamos miedo. Lo que no podemos es dejar de hacer las cosas por miedo. Esta mujer fue valiente, porque supo superar su miedo. El agradecimiento es audaz en todos los sentidos.

El miedo tiende a paralizar la obra, pero debemos continuar un paso a la vez. La mujer tenia mucho miedo al rechazo, a ser despedida de la casa; pero ella venció ese miedo. Cada paso, era un paso en firme hasta Jesús. El corazón templaba de vergüenza y de temor; pero nada de eso bloqueo su paso. ¡Que fe la de aquella mujer! Pensó, si llego hasta El, estaré bien. ¡El me va a defender! El no me va a humillar.

Piensa en esto: ¿Qué viene primero, el miedo que te quita la fe; o es la falta de fe la que te da miedo? Los actos heroicos en la historia de la humanidad se han hecho bajo la presión del miedo.; pero, la fe o la esperanza que todo saldrá bien ha hecho que se supere. La fe de esta mujer fue mayor que su miedo al rechazo. La fe siempre es atrevida.

3. El prejuicio social se eliminó con el deseo de recibir el perdón.

Aquella mujer, venció la costumbre social. El prejuicio de los humanos, con frecuencia se opone a la obra que Dios quiere hacer en los pecadores. La costumbre prohibía a una mujer llevar el pelo suelto en presencia de cualquier hombre que no fuera su esposo, y en algunos lugares, se le permitía al esposo divorciarse de su mujer si rompía esta regla.

Jesús no debía tener ningún tipo de conversación en público con esa mujer, especialmente si ella era vista como una ramera. El agradecimiento no se enfoca tanto en el que dirán; eso pasa a un segundo plano. Increíblemente siempre hay quien critica, aun cuando es para sanidad y salvación de un alma pecadora.

4. El pasado se desechٕó por la esperanza de un futuro mejor.

Una de las decisiones más importantes que podemos tomar en la vida es, dejar el pasado atrás. Los seres humanos tenemos la tendencia a definir a los demás por los errores del pasado. Y eso, a veces se convierte en una cadena que controla todo nuestros movimientos de forma vitalicia. No importa los cambios positivos que queramos implementar, el futuro se ve empañado por el pasado. La Biblia dice que cuando Dios nos perdona, no se acuerda mas de nuestros pecados; y nos deja de limpios para que podamos proyectarnos al futuro libre de culpa. El estigma de nuestras malas decisiones en el pasado viaja con nosotros y son compañeros de viaje difíciles de quitar.  ¿Que actitud vamos a tomar frente a nuestro pasado?

¿Vamos a vivir siempre en el pasado? O ¿vamos a proyectarnos a un futuro de esperanza?

¿Cuál respuesta le damos a nuestro pecado?

¿Cómo respondemos a nuestro pecado?

El rey David nos dice en Salmos 32:1.. 1¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto! 2¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el SEÑOR no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño!…

En el Salmos 103 dice:

 Bendice, alma mía al SEÑOR; y todas mis entrañas al Nombre de su santidad.

2 Bendice, alma mía, al SEÑOR, y no olvides ninguno de sus beneficios:

3 el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades,

4 el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordia;

5 el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.

Que maravilla el perdona y la sanidad van de la mano. Torturarse por un pasado que no se puede cambiar es un esfuerzo enfermizo. Mas saludable es reconocer los errores, confesar a Dios, pedir su ayuda para no volver a cometerlos; y confiar que Dios perdona y se olvida de nuestros pecados.

Les dejo con la letra de esta linda poesía:

Es maravilloso Señor,
tener los brazos abiertos
cuando hay tantos mutilados.

Mis ojos ven,
cuando hay tantos sin luz.

Mi voz que canta,
cuando hay tantos que enmudecen

Mis manos que trabajan,
cuando hay tantos que mendigan.

Es maravilloso volver a casa,
cuando hay tantos que no tienen donde ir.

Es maravilloso amar, vivir, sonreir,
soñar, cuando hay tantos que lloran,
odian, y se revuelven en pesadillas y
tantos que mueren antes de nacer.

Es maravilloso tener un Dios en quien creer,
cuando hay tantos que no tienen consuelo
ni tienen fe.

Es maravilloso Señor sobre todo,
tener tan poco que pedir,
Y TANTO QUE AGRADECER