Daniel Casanova

Primer nivel. El primer amor y gozo de la salvacion.

Como hay niveles de intimidad entre las personas, así también hay niveles de intimidad entre Dios y el hombre. La comunión con Dios no esta en todas personas al mismo nivel. Esto va con el comportamiento de cada creyente. Hay amigos y hay amigos íntimos.

Ahora vamos a definir cada nivel de intimidad. De ninguna manera, es una verdad absoluta. Son mi apreciación muy subjetiva basada en mis años estudiando la Biblia y viendo el comportamiento de los cristianos. En general podemos detectar cinco niveles.

  1. El nivel de la intimidad del gozo de la salvación.

Este es el nivel de intimidad más elemental o superficial. Se parece al periodo de enamoramiento en la pareja que recién se conocen. Aunque, todos sabemos que no es lo mismo estar de novios que, estar casados. No es lo mismo conocer a una persona por un mes, que convivir con esa persona años tras año. Los niveles de intimidad son diferentes. La persona que recién acepta a Cristo y nace de nuevo tiene el gozo de la salvación y experimenta el primer amor que es muy bonito pero muy superficial.

Es en ese primer amor que se comienza a leer la Biblia, y se descubre verdades espirituales que ante no se conocía. Hay gozo para servir, y parece que nada es más importante que amar a Jesús. Hay la sensación que se camina en el aire bien ligero del peso del pecado. Este periodo de luna de miel, va a durar dependiendo de algunos factores:

Primero, cuán responsable es la persona de mantener su tiempo devocional;

Segundo, cuán rápido e intenso llegan los ataques de Satanás a la vida del nuevo creyente.

Según la palabra del sembrador en Mateo 13, los ataques de Satanás vienen de dos frentes, la persecución, y los afanes de este mundo.  La persona se enreda en los asuntos del mundo y por ende, no encuentra oportunidad para tener su tiempo devocional. Y así se va alejando de Dios de tal forma, que por un lado tropieza y por otro lado, su vida se hace infructuosa. Tropezar quiere decir que, comienza a dudar de su salvación, y de todas las realidades espirituales que en un momento experimentó.

Por otro lado, se hace infructuosa que significa sin fruto. Cuando el cristiano descuida su tiempo devocional debido a que los afanes de este mundo consumen todo su tiempo y energía, pierde la comunión con el Espíritu Santo y no da evidencia de vida espiritual; está sin frutos. Un cristiano que vive más para el mundo que para Dios se hace inútil a los propósitos divinos para su vida y para el mundo. Vive la vida cristiana sin gozo, todo se convierte en una rutina carente de amor.

El Señor Jesucristo le dice a la iglesia de Éfeso en Apocalipsis 2:1-5:

  1. Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia;
  2. y que no puedes soportar a los malos,
  3. y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos
  4. y has sufrido, y has tenido paciencia,
  5. y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.

La iglesia de Éfeso era una iglesia trabajadora, con sana doctrina, y soportaba la prueba con paciencia. Pero, Jesús tenía una cosa contra ella: ‘había dejado su primer amor.’

Y le ordena que hiciera las primeras obras.

Jesús se conformaba con que la iglesia volviera al primer amor, aunque superficial, significaba un buen comienzo. Además, les recuerda que el amor es acción no un sentimiento. Ellos debían comenzar haciendo las primeras obras por obediencia, y con el tiempo produciría la devoción y el amor. Los cristianos en la iglesia de Éfeso tenían arduo trabajo, muchas obras; pero habían perdido las primeras. Nada menos y nada más, había mucho activismo, pero habían perdido su tiempo de comunión con Su Salvador y Señor.

Es fácil caer en la rutina religiosa a través de los años, y perder la pasión de los primeros años de convertido. La obligación puede apagar la devoción. Ellos realizaban muchas obras que habían desplazado las ‘primeras’.

Jesús en el libro de Apocalipsis le dice  a la iglesia de Éfeso que regrese al primer amor.

El camino de la intimidad comienza con arrepentimiento. Primero, se siente dolor por haber abandonado la comunión con su salvador y Señor. Hay un peso grande de culpa, y luego, como el hijo prodigo, toma el camino del regreso a casa. (vea Lucas 15.) .