Daniel Casanova

Cuarto nivel:  Es el nivel de la vida cristiana  comprometida.

Repasemos por unos minutos los tres niveles de intimidad anteriores a este:

El primer nivel es el mas superficial, el nivel del primer amor. Es el amor que el recién convertido siente por Cristo, su salvador.

El segundo nivel es cuando ese cristiano entiende que Dios le ha dado dones y talentos para que le sirva. El servicio a Dios y al prójimo es parte importante de la vida cristiana. Sin embargo, hay creyentes con disposición para servir, pero, sin las actitudes apropiadas y carentes de madures espiritual. Cuando un cristiano comienza a servir, se acerca un poco mas a Dios; y se admira como su vida sirve para bendecir a los demás.

El tercer nivel es cuando el cristiano sirve en un ministerio, pero desea acercarse a Dios cada día. Entiende que debe buscar a su padre celestial en oración por lo tanto tiene la motivación para hacer el tiempo devocional, pero carece de consistencia para realizarlo. Tiene una noción del amor y poder de Dios; por momentos experimenta una oleada de la presencia de Dios. Conoce lo que significa la llenura del Espíritu Santo pero no es constante en su caminar con el Espíritu Santo.  En este nivel, el cristiano tiene el querer, pero no el hacer.

Hoy vamos a estudiar el cuarto nivel en la intimidad con Dios; es un nivel mas profundo que el del primer amor, del compromiso al servicio, o de la adoración.

Este es el nivel en el que estaban los discípulos de Emaús cuando no creían que Jesús se había levantado de entre los muertos; también es el nivel donde estaba Lázaro en el momento de haber sido resucitado por Jesús; «vivo pero con vendas». Ellos estaban comprometidos ciento por ciento a servirle, a adorarle; ya no volverían a la vida antigua.

Le animo a que lea el relato bíblico sobre los discípulos camino a Emaús en Lucas 24:13-35

Algunos puntos que deseo que notes:

  • Ellos se alejaron de los demás discípulos y se fueron a Emaús.
  • Ellos se fueron porque no creyeron la noticia de la resurrección.
  • Mas los ojos de ellos estaban velados, y no conocieron a Jesús. La tristeza nos bloquea la fe.
  • Cuando iban para Emaús iban tristes, cansados, e incapaz de creer; ahora cuando reconocen al Cristo resucitado, se regresan a Jerusalén en aquel instante. El gozo en el Señor, siempre te da más fuerzas de las que crees tener.

El cuarto nivel es cuando el cristiano comienza comprometido para luego rendir toda su vida, secreta y publica, al Señorío de Cristo.

Hay una gran diferencia entre compromiso y rendición.  La persona comprometida todavía tiene áreas en sus vidas que Cristo no es el dueño; el compromiso puede ser parcial; la rendición siempre es total. La persona que se rinde pierde control y poder; lo entrega todo; sin reservas ni condiciones.

En este nivel, ya el cristiano ha entendido que tiene que ser un discípulo; quieren seguir a Jesús, pero todavía luchan con los tres tipos de pecado que afectan al cristiano: el pecado de rebeldía, de ignorancia, y de esclavitud. No solo quiere servir, sino que, quiere servir con efectividad y lleno del Espíritu Santo de poder. No solo quiere adorar, sino que, quiere que su vida sea una alabanza constante. No vive momentos pasajeros de gozo, sus palabras motivan al gozo. No solo tiene vida, sino, tiene vida en abundancia según Juan 10:10. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”

Aquellos primeros cristianos habían dejado todo para seguir a Jesús; no se puede pedir mas compromiso que ese. Pero, no habían experimentado la llenura del Espíritu Santo. Por esa razón, algunos eran esclavos del odio, otros del enojo, otros de la avaricia, otros de la comodidad, otros de la impaciencia y de actuar por impulso, y otros eran esclavos del miedo o la incredulidad.

Al nivel de la vida cristiana en esclavitud pertenecen los que abandonan el tiempo devocional porque están muy ocupados. Cuando viene el tiempo de prueba su fe se desvanece y caen en una tristeza espiritual que se olvidan de los milagros que un día Dios hizo a través de ellos, y para ellos. Entonces se alejan incrédulo del compañerismo de los hermanos y hasta llegan a dudar de que Dios pueda escuchar las oraciones.

Viven etapas de alto nivel de espiritualidad, pero luego se olvidan de las promesas de Dios, el temor le corta la fe, se preocupan, y tratan de resolver sus problemas en la carne; son los que dejan de orar y leer la Biblia porque la tristeza no los deja concentrarse en las cosas espirituales. ¿Cuántos cristianos hay que luchan por un pecado que los tiene atado de tal forma,  que no pueden desprenderse de ellos?. Quieren ser libres, pero no pueden.

El  profeta Isaías recibió la visión de la Gloria de Dios y reafirmó su llamamiento en capítulo 6 del libro de Isaías.

Isaías se sentía así mismo con labios sucios y con pecado en su boca; no sabemos a ciencia cierta cuál era; pero sí sabemos que el serafín tocó en visión sus labios, y Dios lo declaró limpio. Podemos especular, y bien podemos creer que, su pecado consistía en  hacer juicio sin misericordia, proclamar la verdad del mensaje sin compasión, o hablar guiado por el conocimiento humano, y no con el corazón limpio.

El capítulo seis del libro de Isaías marca el comienzo de una misión especial en el ministerio profético de Isaías. Es el antes y el después de la transformación espiritual. Es la diferencia entre un ministerio formado por los recursos humanos y el de un ministerio fortalecido por el Espíritu Santo. Ahora tiene una visión clara de Dios, entiende mejor sus motivaciones humanas y comprende el gran peligro en que se encontraba el pueblo. Pero lo más impresionante es que su respuesta fue: ‘Heme aquí; envíame a mí.’

Isaías comprendió ese acto no sólo como de salvación, sino también de comisión. Después de la purificación de Isaías, Dios habló y el profeta se puso a disposición de Dios. Su vida ya no era suya. Isaías pudo también entender que Dios tenía interés en la condición del mundo y que Dios tenía confianza en él y le daría las fuerzas para predicar un mensaje fuerte, impopular y  sin que nadie respondiera positivamente.

¡Dios llama, Dios prepara, Dios bendice!

Cuando se ve ante la gloria de Dios, Isaías recibió la luz espiritual para conocer su pecado oculto. Pasar tiempo con Dios es como ‘encender’ una fuerte luz en una habitación oscura; toda la suciedad sale a relucir.

El primer grupo de pecados que inhabilita al cristiano para vivir una vida en lo sobrenatural, es el pecado de ignorancia.

El rey David dijo en el Salmo 19:12: ¿Quién podrá entender sus propios errores?, líbrame de los que me son ocultos.

Estos son los pecados que cometemos, pero que han formado parte de nuestro estilo de vida que pasan desapercibidos.

El segundo grupo de pecados que el cristiano comete es de rebeldía o desobediencia. Son aquellos que se cometen aun a sabiendas que desagradan a Dios. Por ejemplo, cristianos chismosos, calumniadores, mezquinos, adúlteros, etc.

El tercer grupo de pecados son los pecados de esclavitud. Es una verdad sorprendente, pero muy verdadera. Hay cristianos que pudiendo ser libres son esclavos de algún pecado en su vida. Es posible aceptar a Cristo por fe, recibir la salvación; pero todavía ser esclavo de un hábito o costumbre, o vicio de la vida antigua. Estos cristianos esclavos son como Lázaro con vida,  pero dentro de la tumba, envuelto en las vendas de muerto.

Dice el relato bíblico que Jesús dio tres órdenes aquel día: «Quitad la piedra; Lázaro ven fuera  y desatadlo para que pueda caminar.» (Juan 11:41-44)

 Las dos etapas que experimentó Lázaro fueron:  volver a la vida y ser libre de las vendas que le impedían caminar. El tenía vida, pero estaba atado.

Una vida rendida a Cristo es la que dice: “ya no vivo yo, mas Cristo vive en mi” (Gálatas 2:20).