Daniel Casanova

Quinto nivel: El nivel de la vida en lo sobrenatural.

Hoy llegamos al quinto y último nivel en la intimidad con Dios. Es el resultado de la vida obediente. Es el nivel más cercano a Jesús.

Estuvieron en este nivel, Pedro, Jacobo y Juan en el monte de la transfiguración; o los demás discípulos después que presenciaron la gloria de Jesús resucitado.

La experiencia natural de un cristiano obediente es experimentar el poder sobrenatural de Dios en su vida. A diferencia de los niveles anteriores que son niveles carnales, caracterizados por mucho activismo, pero, pocos resultados; comunión con Dios por momentos pero, sin perseverancia; mucha ministración a los perdidos pero sin transformación; adoración sin fuego; sentimentalismo sin arrepentimiento.

Los niveles anteriores son como los terrenos sin frutos de la parábola del Sembrador en Mateo 13. Jesús bien lo dijo: “sin El nada podemos hacer” (Juan 15:5). Pero, el nivel de la vida en lo sobrenatural esta representado por el terreno que dio fruto.

Para llegar al quinto nivel se necesita ser obediente en pasar  tiempo de calidad con Dios diariamente.

Los discípulos dejaron todo para seguir a Jesús; creyeron sin haber visto. Ellos tienen el privilegio de ver a Cristo glorificado. Tienen el privilegio de ser parte de muchos milagros.

Cuando Jesús fue a sanar a la hija de Jairo, solo permitió que Pedro, Jacobo y Juan entraran.

Moisés estuvo en este nivel de intimidad cuando subió al Sinaí.  Allí tuvo que esperar seis días, pero al séptimo día, entró en la presencia de Dios.

La persona que llega a este nivel de intimidad con Dios es capaz de renunciar y dejar  atrás lo que sea, para seguir al Señor, sin importar la tortura que le venga. Su corazón arde por el Señor. Estos rinden sus sueños, planes y propósitos, para que el Señor ponga en ellos los de Él. Rinden sus planes, vidas y metas, por los del Señor. Son como Josué, aman a Dios con el corazón y prefieren ir a la cárcel antes de ofender a Dios.

El cristiano obediente es el cristiano que puede reflejar la luz de Cristo en su círculo de influencia. El cristiano que practica el tiempo devocional diario experimentara la intimidad con Dios, y por consiguiente, será lleno del Espíritu Santo y mostrará el fruto del Espíritu, porque muestran la llenura del Espíritu Santo; porque han descubierto que necesitan la comunión con Cristo constantemente y se dejan controlar por Él. No viven solo momentos de éxtasis, ni son los que  sienten al Espíritu, son los que conocen al Espíritu Santo porque pasan tiempo de comunión con Él. Irónicamente la mayoría de las personas que llegan a ese tipo de intimidad con Dios son quienes pasan por el fuego de la prueba como los amigos de Daniel, en el horno de fuego en Babilonia. O como David, después del pecado de asesinato y adulterio exclama: contra ti contra ti solo he pecado. O como Pedro, después de una triple caída en la negación se arrepienten y vuelven al seno de los hermanos. O como el hijo pródigo, que después de haber estado lejos del Padre, regresa arrepentido pidiendo perdón.

Las personas que pasan por un periodo de crisis muy intenso, experimentan en carne propia, el dolor de la desobediencia, la rebeldía, y la profundidad del hoyo de la desesperación. Entonces su vida descubre por experiencia personal el valor del perdón, de la salvación por gracia, del poder para levantar al caído que tiene Dios.  Los que llegan a este nivel de intimidad con Dios saben lo débil que es la condición humana y que al primer descuido en su tiempo devocional comienza el peligro.

Ellos se convierten en vidas muy agradecidas, y dadivosas con su tiempo, dinero, talentos, porque recibieron mucho amor, al sentirse grandemente perdonados; y se sienten deudores al Señor.

Al quinto nivel llegan solo aquellos que aman a Dios con todo el corazón, con la mente y con la voluntad.

Amar a Dios con todo nuestro corazón y toda nuestra alma es darle nuestro afecto, cariño, nuestro tiempo.  Todos sabemos que la la mayor expresión de amor por una persona es el tiempo que le dedicamos . Si tú amas mucho quieres pasar tiempo con la persona amada. Si quieres pasar tiempo con una persona es señal que la amas.

Amar a  Dios con nuestra mente es darle nuestra atención a Él.

Amar con toda nuestra fortaleza es  darle nuestras actividades a Él; nuestras energias.

El amor y la intimidad van de la mano. El  amor se manifiesta cuando deseamos, adoramos, servimos, nos preocupamos por la otra persona.

La intimidad habla de cercanía, compartir cosas en conjunto; aceptación mutua, exponer el corazón, confianza, conexión emocional.

La zona de Intimidad es el lugar de encuentro de dos personas.  Algunos la llaman la zona de la vulnerabilidad porque allí no pueden existir sospechas, desconfianzas, camuflaje y reservas.

Cuando pasamos tiempo con Dios se produce una fuerte conexión espiritual, y comenzamos a conocer a la persona de Dios.

Cada día, cada hora, y cada minuto deberá consistir en adorar a Dios

Pablo dice en Filipenses 3:10, « a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte.»

Versículo 11 «si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.»

Pablo estaba diciendo que:

(1) Él quería conocer a Cristo. Pero si ya él lo conocía; ya él se había encontrado con Jesús en el camino a Damascos. Lo que Pablo esta diciendo con la expresión ‘a fin de conocerle’,  que El  quería conocer más íntimamente a Cristo.  La versión amplificada de la Biblia dice que:  «conocer» significa «llegar a ser progresivamente  mucho más profunda e íntimamente relacionado con El, percibiendo y  reconociendo y comprendiendo las maravillas de Su Persona más fuerte y claramente».

(2) Experimentar el poder de su resurrección. Cristo esta vivo y tiene poder para perdonar y salvar.

(3) Pablo está dispuesto a sufrir como él sufrió, y aun morir como él murió.

(4) Pablo espera que Dios me conceda resucitar de los muertos!

Hay dos formas de vivir el cristianismo: tiendo vida o teniendo vida en abundancia; siendo controlado por la condición humana (en la carne) o siendo controlado por el Espíritu Santo.

Si queremos vivir en lo sobrenatural tenemos que vivir una vida en obediencia a la voluntad de Dios. Estar dispuesto a decir: ‘manda porque tu siervo oye’, como en el caso del profeta Samuel  (1 Samuel 3:9)