Daniel Casanova

La Parábola dentro de la historia.

La acción de gracias siempre tiene que ver con el corazón.

Jesús, queriendo sacar a Simón de sus pensamientos erróneos, le cuenta una parábola. ¿Qué es una parábola? Es la historia ficticia con una aplicación espiritual.

Jesús le cuenta a Simón la historia de dos deudores, eso lo puedes ver en LUCAS 7:40-47.

 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta..

Los 50  denarios representaban como dos meses de trabajo. Un obrero en esa época ganaba un denario en una jornada de trabajo. Así que los 500 denarios representaban como 22 meses, casi un año de trabajo. Era una gran suma comparada con los 50 denarios.

Pero nos dice la parábola en el vr.  42 que, ninguno de los dos, tenían para pagar la deuda.

¿Quién no podía pagar?  Los dos estaban en la misma situación. No importa la cantidad que debían; ninguno tenía suficiente dinero para pagar. Estaban en la misma condición. Como no podían pagar, los dos recibieron el mismo trato; los dos fueron perdonados.

Jesús le hace dos preguntas a Simón, invitándole a pensar: ¿Cuál de éstos le amará más?

El amor sigue al perdón

Hasta este momento, Jesús no reclama el beso, el agua, el perfume. Él hace una observación  a Simón, para que este viera su propia condición espiritual y no siguiera juzgando duramente aquella mujer pecadora. Cada vez que Jesús señala los pecados, no es para humillar, y condenar; más para darnos la oportunidad de arrepentimiento y perdón.

Jesús bien puede vivir sin nuestras atenciones; pero nosotros no podemos vivir SIN SU PERDON.

En el vr.43, está la respuesta de Simón, dijo: Pienso que aquél al cual perdonó más.

Y Jesús le dijo: Rectamente has juzgado.

Jesús vuelve a preguntar a Simón “¿Ves esta mujer?” (v. 44).

Simón solo ve el pasado, que es pecadora. Simón no puede ver a la mujer, porque está lleno de sí mismo, de su mundo egoísta. La mejor terapia para la depresión o tristeza es salir a la calle ver al prójimo y su necesidad y tratar de hacer algo al respecto. Un acto de bondad bendice al necesitado cuando te hace ver una realidad. Te saca del sentimiento de autocompasión.

Simón no vio a la mujer porque:

  • Simón no está acostumbrado a ver al corazón, no ve a la persona que necesita perdón.
  • Simón ve la reputación que la precede.
  • Ve su mal comportamiento.
  • Ve la interrupción de su cuidadosamente planeada cena.
  • Ve el fallo del joven profeta al no responder adecuadamente.

Ve muchas cosas, pero no ve a la mujer. No ve que ella la posibilidad de cambiar, ni ve el poder de Jesús para transformar aquella vida desesperada.

44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simón: ¿Ves esta mujer?

  • ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos.
  • ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.
  • más ésta ha ungido con ungüento mis pies.

47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados.

Por supuesto, la verdadera deficiencia de Simón no es la falta de atención como anfitrión, sino su orgullo espiritual.

“¿Cuál de éstos le amará más?” (v. 42).

A ver Simón, ¿Quién ME AMARA MAS, ESTA MUJER O TU?

La mujer está agradecida, habiendo sido perdonada por mucho, mientras que Simón es desagradecido, habiendo sido perdonado por menos.

Lo que salva aquella mujer es su fe.

Jesús le dice a la mujer, “Tu fe te ha salvado, ve en paz” (v. 50).

La Fe trajo la mujer a Jesús. Fe abrió la puerta del perdón y la salvación.

La fe trae salvación. La fe que le lleva a buscar, ungir a Jesús.

El milagro siempre ocurre en el interior. Donde nadie nos ve, allí a solas, en la intimidad con Dios.

No somos perdonados porque le amamos; le amamos porque hemos sido perdonados.

Fíjese que Jesús no le dice a Simón que él también ha sido perdonado.

No es que Simón no necesite el perdón, sino que su corazón no está dispuesto a recibirlo.

No es la cantidad de pecado, lo que pudiera impedir llegar a Jesús;  es la conciencia de ese pecado que lleva a buscar a Jesús.

¿Cómo puedo conocer si soy perdonado de mis pecados? En primer lugar, tenemos que notar ¿cómo podemos saber que somos culpables del pecado? ¿Qué es la evidencia que hemos ofendido a Dios?

No podemos resolver el problema de la culpa a través de los consejos humanos, tales como de los psicólogos, o de los psicatristas o los sociólogos.

Ellos pueden describir el fenómeno de los sentimientos de la culpa, pero no entienden la razón por la cual experimentamos la realidad de la culpa. Solo Cristo puede revelar las condiciones para recibir el perdón, porque nuestros pecados son una ofensa contra él.

La culpa no es un sentimiento que simplemente podemos quitarlo de encima. Muchas personas se convierten a Dios en la necesidad de alcanzar un sentimiento de perdón por sus errores.

En muchos casos las personas realmente no sienten una aflicción por los errores que han cometido. Solamente quieren calmar su conciencia. Sin embargo, hay personas que desesperadamente desean recibir perdón de pecados y tienen un sincero dolor por sus malas acciones. Estos realmente están interesados en saber cómo pueden ser perdonados, y

“¿Cuál de éstos le amará más?” (v. 42).

A ver Simón, ¿Quién ME AMARA MAS, ESTA MUJER O TU?

La mujer está agradecida, habiendo sido perdonada por mucho, mientras que Simón es desagradecido, creyendo que ha sido perdonado en una insignificante porción.

La postura de Dios frente al perdón se manifiesta claramente en Isaías 1:18: “… Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” ¡Qué oferta más increíble – Dios anhela perdonarte!