Daniel Casanova

Blog #47. Conclusión (2).

Conclusión

Todo hijos de Dios ha recibido el beneficio de alguien, que invirtió en ellos;  alguien que les habló de Cristo y por esa razón, le ha entregado su vida a Él. No es justo que después de haberle entregado la vida a Cristo, se rehúse beneficiar a otros; de pasarle lo que ha aprendido.

El enfoque es importante en la salud mental y espiritual. Hay una senal de enfermedad, si la mayoria del tiempo solo se piensa en sí mismo como: en los propios problemas sentimentales, familiares, laborales o de estudio, pero nunca se contempla lo que otros están pasando. Por un momento dejemos de ser egoístas y preguntémonos:  ¿Qué estoy haciendo para que otros conozcan a Jesús?.

Se tiene que  invertir en las relaciones  personales aunque se creas que no se tiene nada material que ofrecer, y que se no tiene nada significante para cambiar las circunstancias de la otra persona. Es bueno recordar que los que más dan no son necesariamente los que más tienen, sino los que más aman. El tamaño del corazón está en proporción directa con el tamaño de la contribución al beneficio de la sociedad.

Se tiene que invertir aunque no haya tiempo y se  tenga muchas responsabilidades que cumplir. Si se espera a estar desocupado, nunca se hará un acto beneficiando a otros. Siempre otras cosas tomaran prioridad. ¿Cuánto más seguirás poniendo de excusa tu corto tiempo?, ¿Tu trabajo?, ¿Tu familia?, ¿Qué otra excusa más pondrás para decir que no tienes tiempo para servir?

Es hora que nos levantemos como un pueblo SERVIDOR que sin poner excusas de tiempo, nos decidamos a SERVIR y AGRADAR A DIOS. Veras que al decidirte a servir al Señor experimentaras de enormes bendiciones que están destinadas a aquellos que hacen su voluntad..

No se puede  cambiar a todas las personas del mundo, pero si se puede  cambiar el mundo de una persona. Comencemos hacer nuestra parte, y Dios hará lo imposible.  Pocas cosas en nuestras vidas son excusas válidas para que nosotros no invirtamos en la vida de los demás

El Apóstol Pablo dice en segunda de Corintios 9:6  “Recuerda esto: Cualquiera que siembra escasamente también recogerá escasamente, y cualquiera que siembra generosamente, también generosamente segará”.

Y el mismo Pablo en segunda de Corintios 9:6  dice: “Cualquiera que siembra generosamente cosechará generosamente” 

En un pueblo, una mujer se llevó una sorpresa al ver que había llamado a su puerta un Extraño, que le pedía algo de comer…

– Lo siento no tengo nada en casa.
– No se preocupe -dijo el Extraño- tengo una piedra para la sopa en  mi bolso, si me permitiera echarla en una olla de agua hirviendo,  haría la más exquisita sopa del mundo…

A la mujer le picó la curiosidad, puso la olla al fuego y fue a  contar el secreto a sus vecinas, cuando el agua rompió a hervir,  todo el vecindario se había reunido allí para ver al Extraño y  su sopa de piedra.

El Extraño dejó caer la piedra en el agua, y probó una cucharada y exclamó:

-¡Deliciosa! lo que necesita son unas papas…

-Tengo algunas, gritó una mujer, y en pocos minutos regresó  con una gran fuente de papas que fueron directamente a la olla.

Volvió a probar y añadió pensativo: – si tuviéramos un poco de carne sería mucho más apetitoso.

Otra ama de casa salió y regresó con un gran pedazo de carne que el Extraño introdujo en la sopa.

Volvió a probar el caldo, puso los ojos en blanco y dijo:
-¡Ah! qué sabroso, pero si tuviéramos unas verduras sería perfecto.
Una de las vecinas regresó con cebollas y zanahorias, después de  introducirlas en el puchero, el Extraño probó de nuevo el caldo y en tono autoritario dijo:
-“Platos para todo el mundo”

La gente se apresuró a conseguir platos, cubiertos y algunos trajeron pan y fruta.
Luego se sentaron todos a disfrutar de la comida, mientras el Extraño repartía abundantes raciones de su increíble sopa de piedra…

Todos se sentían extrañamente felices, mientras reían, charlaban y compartían por primera vez, su comida.  En medio del alborozo, el Extraño se escabulló silenciosamente, dejando la milagrosa piedra, que podrían usar cuando  quisieran hacer la sopa del mundo más deliciosa.

Tantas veces pensamos, como la mujer del cuento, que no  tenemos nada para dar.
Si cada uno  ponemos en la mesa de la vida lo que tiene, sus talentos, sus dones, nos sorprenderemos como los personajes del cuento.

Habremos convertido la falta en abundancia, tendremos una mesa en donde cada uno tendrá un lugar sin excluir a nadie.

Habrá pan para todos y en abundancia.

La fuerza más grande que tiene el hombre es la cooperación.