Daniel Casanova

La expresión de gratitud.

Esta semana estamos celebrando en nuestras casas, en nuestras iglesias, y hasta en todo el país el día de acción de gracias. Y aunque es un día especifico, siempre es bueno ser agradecidos todos los días del año. El día de acción de gracias siempre es un momento muy bonito para estar en familia, y para dar gracias a Dios por todas las bendiciones recibidas durante el año.

Durante estos últimos domingos, he estado predicando sobre el pasaje de Lucas 7, cuando Jesús vino a casa de Simón, el fariseo y perdono aquella mujer pecadora. Ella por agradecimiento y como evidencia de su fe, trae un perfume muy caro, y unge a Jesús con el. El tema me ha enriquecido tanto que, deseo expandirlo y compartirlo con todos mis amigos; creo que es un Pan bien nutritivo en nuestro camino de ser discípulos. Estamos siguiendo a Cristo, y andado con el Espíritu Santo en este proceso que se llama discipulado.

Vamos a ver como una vida agradecida conduce a una expresión de gratitud constante.

Cuenta la historia bíblica que Simón invito a Jesús a su casa, y mientras estaban cenando se le acercó una mujer de mala reputación en la ciudad. Jesús dejo que le ungiera los pies con lágrimas, y  con un perfume caro. Pero, Simón no le gusto aquel acto. Para que veas como se desarrolla la historia, le exhorto a que haga un acto, y vaya a su biblia y busque la historia en Lucas 7:36-50.

Antes de seguir, una nota aclaratoria aquí es necesaria. Los cuatro Evangelios contienen relatos parecidos a la unción de Jesús por parte de una mujer (véase Mateo 26:6-13; Marcos 14:3-9; Juan 12:1-8). Pero, el relato de Lucas es suficientemente distinto y hay que tratarlo como un incidente separado en vez unirlo a los otros relatos:

  • Lucas no menciona que es leproso. Simón un nombre muy común, pero uno es leproso y el otro fariseo. El hecho que es fariseo es importantísimo para el relato de Lucas.
  • Lucas relata el comportamiento de la mujer, el llanto, el beso, y el secar los pies de Jesús con su cabello.
  • La objeción que aparece en los otros Evangelios se trata del cuidado de un ungüento caro pero, aquí, se trata de la reputación de la mujer como pecadora y el fallo de Jesús al no repudiar sus acciones. En Lucas criticaron a Jesús por dejarse tocar por una mujer pecadora; en los demás evangelios, la crítica fue que el perfume se desperdició a pesar de su alto valor.

El suceso en los demás evangelios fue en Betania; y el de Lucas, es un lugar no identificado; posiblemente en Capernaum u otro lugar al norte.

En estos días vamos a estudiar juntos este pasaje a través de los tres protagonistas: Simón, la mujer y Jesús.

Por favor, que pase Simón.

1.Simón le ruega a Jesús que vaya a su casa. “Y le rogó uno de los Fariseos, que comiese

con él” (Lucas 7:36). Jesús es un joven profeta de creciente reputación, por eso, parece natural que Simón le invite a cenar. Conseguir a un invitado del cual todo el pueblo está hablando siempre es un éxito. Eso no significa que Simón cree completamente en el ministerio de Jesús, o está interesado en convertirse en discípulo. Es más, su falta de cortesía común muestra su ambivalencia.

2. Simón no solo invita a Jesús, también invita a otras personas a venir a su casa.

Simón, invita a otros de su mismo circulo social. Hay dos ideas claras, o Simón quería que sus amigos también conocieran a Jesús, o estaba preocupado de estar a solas con el nuevo profeta de Galilea. Lo que no te atrae con humildad, te aleja con arrogancia.

3. Simón había invertido en la cena. Aquella cena le estaba costando a Simón en dinero, en preparación. Él quería ser el centro, se lo merecía. Él había arreglado todo y no estaba dispuesto a que otra persona, menos una mujer pecadora, ocupara el protagonismo de aquella noche. Cuando estamos tan llenos de ‘ego personal’, el mundo debe girar alrededor de ‘nuestras necesidades y problemas.’ Precisamente, el agradecido hace lo opuesto: sale del circulo egoísta y se enfoca en quien le ha bendecido.

4. Simón carece de convicción espiritual profunda. Invita a Jesús a su casa, pero duda de su verdadera identidad. “Este, si fuera profeta” (v. 39). Si en algún momento contempló la posibilidad de que estaba invitando a una persona importante a su casa, ahora la duda le desinfla su emoción. Las personas guiadas por emoción, rara vez llegan hasta el final. El emocionalismo es momentáneo. Solo los que se guían por convicciones profundas, están dispuestos a pagar el alto precio del discipulado. Simón duda, y cuando duda, tropieza. Santiago nos advierte sobre el peligro de la duda: “Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.” (Santiago 1:6)

Hasta aquí nos quedamos hoy, mañana continuaremos con este pasaje. Si no lo ha hecho, le animo a que lo lea: Lucas 7:36-50