Daniel Casanova

EL PAN DE VIDA.

            Hoy estudiamos la primera palabra de “Yo Soy” dicha por Jesús.

Vamos a ver el capítulo 6 del evangelio de Juan. En este capítulo encontramos el milagro de Jesús cuando alimenta a más de cinco mil personas. Las personas se quedaron entusiasma por este milagro, y al siguiente día se levantaron buscando a Jesús por las aldeas cercanas; pero ya Jesús se había ido. Ya al terminar el día, al fin lo encuentran. Cualquiera diría que esta gente era persistente e inquisitiva, que estaba deseosa de saber más de las enseñanzas de Jesús. Estaban buscando a Jesús para ver la magnitud del próximo milagro, o si los alimentaría de nuevo, como el día anterior.   Desde entonces, para referirse a una persona egoísta, interesada solo en sus asuntos personales y oportunista, ha quedado en la cultura popular el dicho: ‘solo tiene interés en  los panes y los peces.’ No buscaban a Jesús por su persona, mas bien, por lo que podían sacar de él.

Jesús reconociendo las intenciones verdaderas de aquella gente le dice: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.” (Juan 6:26)

Cuando Jesús les dice esas palabras, ellos no se dan por aludidos, y disimulan su disgusto. Y le hacen dos preguntas interesantes: ¿Qué debemos hacer para practicar las obras de Dios?, y ¿Qué señal haces para que creamos en ti?

Me llama la atención que a simple vista pareciera que esta gente quería ser obediente a Dios. Pero, era todo lo contrario. Seguían preguntando lo que ya debían haber aprendido.

Vayamos al pasaje de Juan 6 a partir del versículo 28:

Versículo 28, Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios?

Versículo 29, Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

Versículo 30, Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?

A mí me sorprende que, el día anterior habían presenciado un milagro impresionante; pero para el que no quiere creer, nada es suficiente. Es como si Dios siempre está incompleto, y nunca termina de convencer.

Y entonces, comparan a Jesús con Moisés, para restar importancia a las palabras de Jesús. Y le dicen:

Versículo 31, Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.

Moisés si es grande, porque todo el mundo sabe cómo las personas salidas de Egipto se alimentaron con el Mana todo el tiempo en el desierto.  Eso si es un milagro. Jesús no se queda callado.

Versículo 32, Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.

35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

Jesús conocía profundamente sus corazones. Él no se dejaba engañar por las apariencias.

Yo soy el pan de vida, declaró. “El que a mí viene nunca pasará hambre” (Juan 6:35).

Jesús les dio de comer el día anterior ¡nada más y nada menos que a cinco mil hombres sin contar mujeres y niños! De ahí que buscan a Jesús, pero ¿por qué le buscan? Por puro interés. Jesús les dice: “Me buscáis, porque habéis comido panes y os habéis saciado” (Juan 6: 26). Han comido pan hasta “saciarse” pero Jesús les quiere descubrir otro pan, el pan de vida, el que sacia de verdad. Buscad otro pan que permanece hasta la vida eterna.

¿Dónde comprar ese pan? ¿Cómo lo podemos conseguir? ¿De qué tipo de harina está hecho?