Daniel Casanova

La Boda de Cristo con su Iglesia.

Volviendo al capítulo 19 de Apocalipsis dice:

4 Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: !!Amén! !!Aleluya!

5 Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes.

Hay un llamado a los que se consideran siervos, esclavos de Jesucristo. Y a los que, por temor reverente, cuida de su estilo de vida. El temor que lleva a la obediencia debe estar motivado por el carácter santo de Dios, no por el temor al castigo del infierno. Quien teme por el castigo, se convierte en un fanático; pero, el que teme por amor se convierte en un verdadero adorador.

6 Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: !!Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!

7 Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado.

8 Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.

Este versículo explica cómo estará vestida la novia: “Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (v. 8).

Las acciones justas de los cristianos se ven representadas en la vestimenta fina y blanca de los justos en la boda. Quien pretende seguir a Cristo, debe cuidar de su estilo de vida. Hay cosas que no convienen practicar, porque van en dirección contraria al crecimiento espiritual del cristiano. Pablo dice: “todo me es licito, pero no todo conviene’ Dice, 1 Corintios 10:23 Todo me es lícito, mas no todo conviene; todo me es lícito, mas no todo edifica.

En la Biblia esta la imagen de la boda como la unión espiritual primero de Dios con el pueblo de Israel y después con la iglesia.

El libro de Oseas en el Antiguo Testamento presenta al pueblo de Israel como la esposa de Jehová Dios. El libro presenta las severas consecuencias de la infidelidad de Israel, así como el amor de Dios que no se rinde. Así como la esposa del profeta Oseas le fue infiel convirtiéndose en una esposa adúltera; el pueblo pecó adorando otros dioses; sus líderes confiaron en su propia fuerza militar y en el poder de otros países extranjeros. Esta gráfica y desgarradora historia del profeta Oseas y su esposa Gomer ilustra la historia de amor entre Dios y el pueblo de Israel. Esta relación marcada por el amor constante de Dios por su pueblo desobediente y empecinado a no depender totalmente en la protección del Señor.

El apóstol Pablo comparó esta relación humana a la relación entre “Cristo y la iglesia”. Pablo escribió: “Maridos, amad a vuestras mujeres así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:25-27).

Pablo habló de esta idea también a los cristianos de la iglesia en Corinto, y su deseo de que los cristianos se presentaran puros delante del Señor: Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. (2 Corintios 11:2).  Este es el deseo de cada cristiano.

Hablando de los que estarían en el Reino de Dios, Cristo dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:21-23).

Estas escrituras nos dicen que la novia de Cristo es la Iglesia. Los miembros de la Iglesia son personas que, al recibir la gracia de Dios, perdón inmerecido por sus pecados al arrepentirse, vivirán, con la ayuda del Espíritu de Dios, vidas justas.

En el matrimonio del Cordero, es el Padre quien escoge a la novia para su Hijo. Cristo lo explicó esto cuando dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). Jesús reiteró este punto al decir, “Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre” (v. 65).

En Mateo 25 encontramos una parábola acerca de 10 vírgenes que se están preparando para recibir al novio. Este pasaje dice: “Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!

Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas. Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (vv. 1-13).

De acuerdo con MATEO 25:6-10 podemos deducir claramente que las bodas son en el cielo y que el arrebatamiento (el rapto) de la esposa del cordero, es un evento que ocurrirá antes de la gran tribulación y de la venida visible de Cristo para establecer su reino milenial aquí en la tierra.

Las bodas del Cordero son celebradas en el cielo, no en la tierra; por lo tanto, la esposa fiel y prudente del Cordero “no pasará la gran tribulación”

Los que han recibido a Jesús como salvador tienen el Espíritu de Dios y se están preparando para las bodas del Cordero. Este grupo de personas fieles incluirá a los que estén con vida y a los que hayan muerto en el Señor (1 Tesalonicenses 4:16-17). Ellos serán transformados en un cuerpo espiritual como el de Jesús resucitado.  Éste es el grupo selecto que será la esposa de Cristo y estará en la cena de las bodas del Cordero.

Lo explica Apocalipsis 3:12, la cuidad será habitada por los que hayan vencido en esta vida: “Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios

Los invitados a la celebración de las bodas no serán solo la Iglesia presente como la novia de Cristo, sino también otros. Los “otros” incluyen también a los vencedores, los justos mencionados en el Antiguo Testamento, quienes serán resucitados antes la Segunda Venida de Cristo, así como los mártires muertos en la Tribulación. Como el ángel le dijo a Juan que escribiera, “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.”