Daniel Casanova

La transformación espiritual

A medida que comenzamos a pasar tiempo con Dios, nuestra intimidad con Él crece, y su poder comienza a ejercer «una fuerza transformadora» sobre nuestras vidas. Es imposible pasar tiempo con Cristo, y no ser afectado por su vida. La salvación es instantánea, pero la transformación espiritual a la imagen de Cristo es un proceso que dura toda la vida.

Alguien escribió en una ocasión:

«Nuestros padres nos dan  la forma; la escuela nos  informa; la cárcel, nos reforma; solo Cristo, nos  transforma.»

Cuando pasamos tiempo con Dios, el Espíritu Santo transforma  nuestra forma de pensar  y  nuestra forma de actuar. Cuando nuestra mente se transforma, también nuestras acciones se transforman. Por lo tanto,  lo primero que tenemos que hacer cuando queremos cambiar algo, es buscar nueva información, que afectará nuestra forma de pensar, y por consiguiente nuestra forma de actuar. La información en sí no cambia a nadie, pero todo cambio comienza con nueva información.

Esta es la forma de la vida en lo sobrenatural. Así luce la  una ecuación espiritual:

R + I + I + P = T

Revelación + Información+ Iluminación + Poder = Transformación

La revelación de Dios en la Biblia, más información, más iluminación  y poder del Espíritu Santo es igual a transformación.

¿Podemos hacer nosotros lo que Cristo hizo?

¿Nuestros actos y nuestro  estilo de vida  pueden  ser como Cristo?

¿Cristo quiere que nosotros seamos como Él?

¿Es posible ser y actuar  como Cristo?

Todas las  respuestas a estas preguntas son sí. ¡Sí es posible! Se puede lograr. Aclarando, que siempre debemos recordar que somos las creaturas, no el Creador. Aunque, nuestra meta es llegar a ser como Cristo, nunca lograremos llegar a ser como Él en poder y majestad.

Definición

Cuando pasamos tiempo con Dios a través de nuestro tiempo devocional, el Poder de Dios actúa sobre la vida de una persona transformándola. Entonces, transformación es la acción del poder externo en el interior del creyente.

Para que ese cambio llegue a ocurrir, debe comenzar en la mente;  la forma de pensar del cristiano tiene que ser diferente a su forma de pensar antes de ser cristiano.  Pero tristemente,  aun siendo cristiano, la persona tiene la tendencia en muchos casos a pensar igual a la persona que no es cristiana; es por esa razón que se necesita una transformación primero de la mente, y después viene la transformación del comportamiento.

Examinemos lo que dice el Apóstol Pablo en Romanos 12:1-2 «presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo…»

Para Pablo la obediencia es un sacrificio vivo,  es el único sacrificio de parte del hombre que Dios acepta. Ser obediente tiene su costo, es un sacrificio.  Cualquier cosa que hagamos para Dios, sin ser el fruto de nuestro tiempo de intimidad con Dios, es algo muerto. En una relación saludable de pareja, nada sustituye al tiempo que la pareja pasa juntos. Así es con Dios, nada de lo que podamos hacer para Dios, sustituye al tiempo que separemos para estar con El en un tiempo de calidad compartido.

La palabra vivo, le habla al cristiano, que tiene la vida espiritual en Cristo Jesús; el sacrificio del inconverso es un ‘sacrificio muerto’, sin vida,  porque es un esfuerzo humano.

La idea de culto racional habla que el sacrificio aunque vivo no comienza con los sentimientos, sino con la mente; de forma racional, la persona está consciente del costo y está dispuesto a pagarlo.

Dios manda a la obediencia, aunque no se tenga el deseo, aunque las emociones y sentimientos se rebelan contra la mente; La razón dice que es inteligente ser obediente porque el precio de la desobediencia siempre es mucho más alto que el de la obediencia.

Pablo sigue diciendo:  «No os conforméis a este siglo»,  en otras palabras,  que no tomemos la forma del mundo, no nos adaptemos a la forma de actuar y pensar del hombre que no conoce a Cristo. La meta es la transformación por medio de la renovación de vuestro entendimiento.  La transformación y la renovación no se pueden hacer por sí solo, necesitamos pasar tiempo con Dios. No puede ser una transformación en la carne, con esfuerzos humanos; eso no es cristianismo, es conceptos de la nueva era, espiritualismo pagano; y por lo tanto,  conduce al fracaso.

La renovación de la mente  implica que, primero, su forma de pensar que trae de su viejo hombre no le va ayudar a reflejar el carácter de Cristo en su vida, tiene que ser cambiada.

Segundo, implica la posibilidad y la necesidad de una «nueva mente», la mente de Cristo. Es posible la transformación de la mente «del viejo hombre a la del nuevo hombre». Solo se puede tener la mente de Cristo conociendo lo que Él  piensa. Y la manera más efectiva de conocer cómo una persona es y piensa es pasando tiempo con ella.

La palabra comprobéis es muy interesante; porque  aquí viene la experiencia personal, el gran descubrimiento. El cristiano, que ya sospechaba que la voluntad de Dios era buena, y ya de forma intelectual la había aceptado para su vida, ahora puede comprobar que realmente es buena y agradable. Entonces exclama como Job, «de oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven.»

continuara…