Daniel Casanova

La Multitud adorando en el Cielo.

Seguimos estudiando el segundo segmento en el culto celestial descrito en el capítulo 7.  El versículo 9 dice, Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero.

Ya no son solo los judíos, también los gentiles, una multitud que nadie podrá contar. Muchas veces, pensamos que estamos solos, o somos los únicos que estamos sufriendo, pero, la realidad es otra. Hay una multitud de personas que han sido fieles a su Salvador y Señor. Cuando te halles en medio del sufrimiento recuerda que, otras personas también han pasado por lo mismo o por algo similar, y que, si ellos han podido sobrepasarlo, también tu podrás. No te desanimes. Hay una multitud de testigos que con sus vidas nos alientan a que sigamos adelante sin desmayar.

Hebreos 12:1 dice, Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,

¿Quiénes son esos testigos? Sus nombres se mencionan en el capitulo anterior. ¿Cuál fue la clave para el triunfo en la vida de estas personas? La fe.

Hebreos 11:1-2, Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.

La traducción en el lenguaje actual dice: Confiar en Dios es estar totalmente seguro de que uno va a recibir lo que espera. Es estar convencido de que algo existe, aun cuando no se pueda ver. 2 Dios aceptó a nuestros antepasados porque ellos confiaron en él.

La fe es la que sostiene a los cristianos. Cuando llegue el desánimo, mantengamos los ojos puestos en Cristo, y recordemos que, antes y después a nuestro tiempo, hubo y habrá personas capaces de mantenerse fieles al Señor. No seremos los primeros, ni tampoco los últimos, en resistir los tiempos difíciles.

LA ADORACION ES CONTAGIOSA.

Esta multitud adoraban verbalmente. El texto dice que clamaban a gran voz. No era un cantico desganado, sin ninguna energía. Por el contrario, Juan describe su intensidad. ¿ha estado usted alguna vez en un estadio viendo su equipo favorito ganado un juego? Se puede sentir la emoción con que cada fanático aplaude y grita un gol, o una carrera después de un homerun. No es difícil contagiarse de esa alegría. ¿Su tiempo de adoración muestra su entusiasmo, y su agradecimiento por la victoria de Jesucristo en el calvario? ¿Puede gritar lleno de emoción por su salvación que es segura y eterna? Si el mundo puede gritar por horas en un estadio por algo tan pasajero como un triunfo en el deporte, estoy seguro de que los cristianos podemos con mucha más razón, emocionarnos y expresar son energía nuestro amor por nuestro salvador Jesucristo.

No le haga caso a las personas alrededor de usted, ellas no pueden entender su alegría. Recuerde, que cuando Bartimeo clamaba a orilla del camino, otros querían que él se callara (Marcos 10:46-52). Usted alabe al Señor de corazón, no por contienda o por vanagloria. Recuerde las palabras de Pablo en Filipenses 2:3, Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo. Emociónese de vez en cuando y alabe con alegría y olvídese de lo que puedan pensar las personas.

Versículo 10 y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.

En la adoración hacen a Dios Padre, igual a Cristo, el Cordero, en cuanto a la salvación del hombre.

El Evangelio de Juan describe a Jesús como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

En el libro de Hechos, un eunuco etíope estaba leyendo un pasaje de Isaías 53:7-8 que decía, “Como oveja á la muerte fue llevado; Y como cordero mudo delante del que le trasquila, Así no abrió su boca: En su humillación su juicio fue quitado: Mas su generación, ¿quién la contará? Porque es quitada de la tierra su vida” (Hechos 8:32-33).

El eunuco le pidió a Felipe que le explicara este pasaje, y Felipe, “comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús” (Hechos 8:35).

Pablo representa a Cristo como “nuestra pascua, que es Cristo, fue sacrificada por nosotros” (1 Corintios 5:7).

Pedro describe la sangre de Cristo “como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:19) – es decir, un cordero digno de usar en un sacrificio en el altar.

El libro de Apocalipsis habla frecuentemente de Cristo como el Cordero.

Fueron identificados como gentiles redimidos que han salido de la Gran Tribulación, están vestidos con vestiduras blancas, lo cual habla de la justicia de Cristo. Y, ¿cómo obtuvieron esas vestiduras? Porque creyeron en que Cristo derramó Su sangre, para lavar toda culpa y pecado. Esa es la única manera por la cual usted y yo, podremos estar delante de Él, creyendo que Él pagó el castigo de nuestros pecados. Él murió para que usted y yo vivamos eternamente. Esa fue la experiencia de este grupo aquí presente ante el trono de Dios.

¿Se puede usted imaginar ese culto en el cielo?

Donde los presentes no desean terminar, y ni están apurados para salir a platicar con otro hermano, o simplemente irse para sus casas hacer otra cosa. Esta multitud de adoradores no se cansan de alabar, ni se cansan de postrarse sobre su rostro. Aun el mismo acto repetitivo no es aburrido, ni fastidioso. No puedo creer que hay cristianos que le parece largo el culto en su iglesia, pero se pueden pasar horas frente a la televisión.

11 Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios,

12 diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.