Daniel Casanova

Blog #38. El materialismo

El materialismo

Lo que más perjudica al pueblo de Dios  es  el interés personal en todo lo que es material, descuidando los asuntos del alma y del espirito. La respuesta se da claramente en las Escrituras.

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.

Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. “ (1 Juan 2:15-16)

La tendencia humana es inclinarse hacia el materialismo.

El enfoque materialista gira alrededor de lo que se puede ver, parpar, y conseguir para provecho personal.  Se pospone todo enfoque espiritual, para concentrarse en la búsqueda de la felicidad a través de los bienes materiales. Una persona que ama al mundo, se enfoca en el beneficio económico, material, con gratificación instantánea. La persona materialista rara vez piensa en los beneficios para los demás y en la recompensa a largo plazo. Ya que lo más importante es lo que produce satisfacción en el momento o lo que menos produzca sacrificio personal.

El materialismo que rodea al hombre moderno es como un vaso de aguas fría que congela cualquier deseo para hacer algo en bienestar del prójimo.

En el lenguaje moderno, materialista es aquella persona que lleva un estilo de vida concentrado en riquezas, dinero y comodidades en lugar del desarrollo espiritual.

El materialismo desemboca en dos corrientes: el consumismo, y el egoísmo;  cualquiera de estas dos corrientes, son enemigos de hacer una inversión en las relaciones personales.

El consumismo es la avaricia por tener cada vez más cosas materiales. Siempre busca tener un ‘poquito más’ para ser feliz. Rara vez esa busqueda es satisfecha.

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” (Mateo 6:24)

  • ¿Cómo encontramos el equilibrio correcto entre disfrutar de las comodidades de la vida, y a la vez vivir libre de afán?
  • ¿Cuánto debo ahorrar para el futuro y a la vez poner mi confianza en Dios?
  • ¿Cuánto tiempo debo dedicar a mi trabajo y a la vez hacer algo por el prójimo?
  • ¿Cuándo debo ampliar mi negocio y cuánto debo dar a los necesitados?
  • ¿A quién deseo agradar con mi estilo de vida?

El enfoque que existe hoy en día en la sociedad en ‘la comodidad’ y en la’ felicidad.’  Dos conceptos que nos arman una trampa muy peligrosa.

La falta de interés en el hombre por hacer algo por el bienestar ajeno va más allá de la falta de recursos. Existe la resistencia a hacer algo que represente un sacrificio; cualquier cosa que estorbe la comodidad esta fuera de nuestro enfoque de acción.

Entregar la vida en aras de la libertad del país, o preferir morir antes de violar algún principio personal es un concepto que hoy en día casi no se honran.

La meta de Dios para el hombre no es su comodidad, ni su felicidad, es la obediencia. A medida que aprende a ser obediente, descubre la felicidad.

Vivimos en una sociedad tan egoísta, que su culto de adoración va dirigido al placer personal; enfoque que es muy mezquino y egoísta.

Si buscas el tesoro y lo encuentras facilito, es un pobre tesoro. Si renuncias a encontrarlo porque está muy profundo, no mereces el tesoro. Si lo buscas con amor y sacrificio,  tu esfuerzo es oro, aunque no encuentres el tesoro.   –Gonzalo Arango

Es muy evidente cuando una persona está controlada por el materialismo; para ella, Dios es una idea que solo se busca cuando hay problemas o no forma parte de la vida. La persona que se deja llevar por el consumismo se preocupa solo por su propia gloria, usa su dinero para ganar más dinero o gastarlo en lo que está de moda: en ropa, en tecnología, en comodidades, etc.

Se puede ver su amor al dinero en el estilo de casa que construye, en el vehículo que tiene, y en la manera raquítica que da limosna para las obras caritativas. Generalmente, la persona egoísta, vive una vida desbalanceada: mucho para mí, casi nada para los demás.  En algunas personas se puede apreciar este anhelo por las riquezas, en las deudas que incurre para tener con qué impresionar a otros, o en las largas horas que dedica a su trabajo para adquirir el dinero para más consumir. Pero en esa carrera materialista, la tendencia es descuidar a la familia, a la iglesia, y al bienestar espiritual de su propia alma.

En cambio, hay persona que honra a Dios y lo sirve en todo, dando un cuadro verdadero de lo que significa prosperidad. Prosperidad es estar contento con lo que se posee.

Oh, hermano, tu mayor esfuerzo debe ser en el área de servicio y no en el campo de la comodidad personal. Debemos prepararnos para contribuir al bienestar de los demás y no para solo recibir más del mundo material para seguir consumiendo. Aprendamos los principios bíblicos, para ser rico de verdad.

Recordemos que la persona más rica no es la que más tiene, sino la que menos necesita.

De nada sirve que una persona gane en este mundo todo lo que quiere, si al fin de cuenta pierde su vida. Y nadie puede dar nada para salvarla.

Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:25)

El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.” (Eclesiastés 5:10)

 “El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba. Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.” (Santiago 1:9-11)

“Los que confían en sus bienes, Y de la muchedumbre de sus riquezas se jactan, Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano, Ni dar a Dios su rescate. (Porque la redención de su vida es de gran precio, Y no se logrará jamás),” (Salmos 49:6-8)

“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” (Gálatas 6:8)

La persona egoísta, y materialista va por un camino que destruye lo que más ama, así mismo. Hay pocas personas tan peligrosas para el avance del evangelio como un cristiano materialista. Está tan ocupado en las cosas materiales, que nunca tiene tiempo para las cosas espirituales. Por ejemplo:

  1. Tiene tiempo para ir al gimnasio, pero no tiene tiempo para tener el tiempo devocional.
  2. Puede pasar dos horas en el teatro, o en el cine, pero dos horas en la iglesia es mucho tiempo.
  3. Prefiere los conciertos cristianos, pero no los cultos de oración.
  4. Cuando el dar es inevitable prefiere dar dinero (para salir del paso), pero nunca se ofrece para dar de su persona, o de su tiempo.
  5. Vive rodeado de todas las comodidades que ofrece las cosas materiales; pero nunca invierte en viajes misioneros, ni en programas sociales de la iglesia. Se queja que no tiene dinero para diezmar.

Recordemos lo que dice la Biblia: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” (1 Juan 2:15).

No llenemos el corazón con tantas cosas materiales, que no haya espacio para las cosas que enriquecen al espíritu. Un avión con sobre peso, no puede levantar el vuelo.